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Tratamientos oculares

Cirugía refractiva láser

cirugia refractiva laser
Múltiples técnicas disponibles, con resultados eficaces y seguros.
Láseres de gran precisión en los quirófanos de nuestras clínicas.
Asesoramiento oftalmológico experto y personalizado.

¿Qué es la cirugía refractiva láser?

La cirugía refractiva láser es un tratamiento quirúrgico diseñado para corregir defectos visuales mediante la modificación de la forma de la córnea, el tejido transparente en la parte frontal del ojo. Al utilizar tecnología láser avanzada, este procedimiento mejora el enfoque de la luz sobre la retina, corrigiendo errores de refracción como miopía, hipermetropía y astigmatismo.

Existen diversas técnicas de cirugía refractiva, como LASIK, PRK y LASEK, cada una indicada según el tipo de defecto visual y las características individuales del paciente. Un oftalmólogo experimentado es esencial para determinar el tratamiento adecuado, evaluando factores como la forma de la córnea y el grado de la refracción ocular.

Problemas de visión que trata la cirugía refractiva láser

Si quieres reducir la dependencia del uso de gafas o lentes de contacto, puedes plantearte una cirugía refractiva. La elección de una técnica u otra dependerá no solo del tipo de defecto refractivo que tengas y de tu número de dioptrías, sino también de otros aspectos como tu edad, estabilidad de la graduación, grosor de la córnea,  estado de salud ocular etc. Además, nuestros especialistas también tendrán en cuenta tus necesidades visuales específicas, acorde con tu trabajo, aficiones y actividades cotidianas, para indicarte el procedimiento más idóneo para tu caso.

Una indicación quirúrgica experta e individualizada, a partir de un estudio previo completo, es fundamental para lograr la máxima satisfacción con el procedimiento. En caso de que no seas un buen candidato para una cirugía refractiva láser, una alternativa que también podemos ofrecerte es la implantación de lentes intraoculares.


Recuperación de la cirugía refractiva láser

La cirugía refractiva láser tiene la ventaja de ser una intervención muy rápida (alrededor de 10 minutos), que realizamos con anestesia tópica (gotas) y que te permitirá volver a casa sin necesidad de ingreso.

En función de la técnica utilizada, podrás tardar más o menos días en ver completamente nítido. Por ejemplo, en el caso del LASIK, a las 24 h ya recuperarás  una visión prácticamente normal, mientras que con la PRK tardará alrededor de una semana. Las molestias postoperatorias que podrás notar también desaparecerán al cabo de 1-2 días en el primer caso, así como entre 3 y 5  en el segundo. En cualquier caso, sea cual sea la técnica empleada, pronto podrás volver a trabajar, leer, utilizar el ordenador e, incluso, hacer actividades deportivas. Te indicaremos en detalle el tratamiento y las precauciones postoperatorias que debes seguir (por ejemplo, es importante que te hidrates los ojos con lágrimas artificiales y evites maquillarte durante las primeras semanas) y evaluaremos tu evolución en las visitas de control.


Riesgos de la cirugía refractiva láser

Preguntas Frecuentes

La cirugía refractiva láser generalmente no causa dolor debido a la anestesia local aplicada en forma de gotas antes de la operación. Tras el procedimiento, algunos pacientes pueden experimentar molestias leves, que son transitorias y desaparecen en poco tiempo.

La cirugía refractiva puede realizarse en pacientes a partir de los 18 años, cuando la visión ya se ha estabilizado. Sin embargo, no existe un límite superior de edad para la intervención, siempre que el paciente tenga una buena salud ocular y general. El cirujano realizará una evaluación exhaustiva para determinar si la cirugía es adecuada según las condiciones oculares y la estabilidad de la graduación.

En general, la mayoría de los pacientes pueden retomar sus actividades diarias en uno o dos días tras la cirugía, aunque se recomienda evitar esfuerzos intensos y actividades que puedan generar presión ocular durante la primera semana.

Los resultados de la cirugía refractiva suelen ser muy positivos, con la mayoría de los pacientes alcanzando una visión cercana a la normal sin necesidad de gafas o lentes de contacto. Sin embargo, los resultados pueden variar según el tipo de defecto visual y la técnica utilizada, aunque la satisfacción general es alta.

El coste de la cirugía refractiva depende de diversos factores, como el tipo de técnica utilizada y la complejidad del caso. En Miranza, ofrecemos opciones personalizadas según las necesidades de cada paciente. Para obtener un presupuesto exacto, es necesario realizar una consulta inicial con nuestros especialistas.

La cirugía refractiva engloba diferentes procedimientos destinados a corregir defectos de graduación como la miopía, la hipermetropía y el astigmatismo, con el objetivo de reducir la dependencia de gafas o lentes de contacto. Puede realizarse mediante técnicas láser o mediante la implantación de lentes intraoculares, según las características del paciente.

La cirugía refractiva puede utilizarse para corregir miopía, hipermetropía y astigmatismo y, en determinados casos, presbicia. La técnica más adecuada depende de factores como la graduación, la edad, el grosor y la forma de la córnea y el estado general de los ojos.

La cirugía refractiva con láser modifica de forma controlada la forma de la córnea para corregir el defecto refractivo. Existen diferentes técnicas, como LASIK, PRK o procedimientos con láser de femtosegundo, y la elección depende de las características de cada ojo.

Antes de una cirugía refractiva se realiza un estudio oftalmológico completo para determinar si el paciente es candidato a la intervención y cuál es la técnica más adecuada. El estudio puede incluir pruebas de graduación, topografía o tomografía corneal, paquimetría y valoración de la superficie ocular, además de una exploración general del ojo.

Para saber si una persona puede operarse de miopía es necesario realizar un estudio oftalmológico individualizado. Se valoran aspectos como la edad, la estabilidad de la graduación, el estado y características de la córnea, la salud ocular y el tipo de defecto refractivo.

El tiempo de recuperación depende de la técnica utilizada y de las características de cada paciente. Algunas técnicas permiten recuperar una buena visión en poco tiempo, mientras que otras requieren un periodo más prolongado de estabilización. El oftalmólogo explicará la evolución esperada y las pautas de cuidados después de la intervención.

Como cualquier procedimiento quirúrgico, la cirugía refractiva puede presentar efectos secundarios o complicaciones. Entre ellos pueden aparecer sequedad ocular, alteraciones visuales nocturnas, inflamación, infección o una corrección insuficiente o excesiva. El estudio preoperatorio y el seguimiento permiten minimizar y controlar estos riesgos.

La cirugía refractiva incluye diferentes técnicas para corregir los defectos de graduación. Entre ellas se encuentran procedimientos corneales con láser, como LASIK o PRK, y técnicas basadas en lentes intraoculares, como las lentes fáquicas o la sustitución del cristalino. La elección depende de las características de cada paciente.

La cirugía refractiva tiene como objetivo corregir defectos de graduación como la miopía, la hipermetropía y el astigmatismo y, en determinados casos, la presbicia. Su finalidad es mejorar la calidad de la visión y reducir la dependencia de gafas o lentes de contacto.

La cirugía refractiva puede reducir significativamente la dependencia de gafas o lentes de contacto, aunque no puede garantizar que nunca vuelvan a ser necesarias. El resultado depende de la técnica utilizada, las características del ojo, la graduación y la evolución visual de cada paciente.

El objetivo de la cirugía refractiva es conseguir una corrección visual estable y duradera. Sin embargo, el ojo puede experimentar cambios con el paso del tiempo y pueden aparecer nuevas necesidades de corrección. Por este motivo, el seguimiento oftalmológico sigue siendo importante después de la intervención.

No todas las graduaciones pueden corregirse mediante las mismas técnicas. La posibilidad de realizar una cirugía refractiva depende de factores como la magnitud y estabilidad de la graduación, la forma y el grosor de la córnea, la edad y el estado general del ojo.

No existe una graduación mínima universal para indicar una cirugía de miopía. La decisión depende de las necesidades visuales del paciente y de que la relación entre los beneficios esperados y los posibles riesgos sea adecuada. Es necesario realizar un estudio oftalmológico para determinar si la intervención está indicada.

Sí. En determinados pacientes es posible corregir simultáneamente la miopía y el astigmatismo mediante cirugía refractiva. La técnica utilizada dependerá de la graduación, la córnea y el resto de características del ojo.

En determinados pacientes una misma intervención puede permitir corregir más de un defecto refractivo, como miopía y astigmatismo o hipermetropía y astigmatismo. La posibilidad depende de la técnica y de las características anatómicas y visuales de cada ojo.

El LASIK es una técnica de cirugía refractiva que utiliza un láser para modificar la forma de la córnea y corregir el defecto refractivo. Se crea previamente un fino acceso en la córnea que permite aplicar el láser sobre el tejido corneal y posteriormente se recoloca la capa superficial.

La PRK es una técnica de cirugía refractiva en la que el láser modifica la forma de la córnea después de retirar la capa más superficial. A diferencia del LASIK, no se crea un flap corneal. La recuperación visual suele ser más progresiva y depende de la evolución de cada paciente.

LASIK y PRK son técnicas de cirugía refractiva con láser que modifican la córnea para corregir la graduación, pero se diferencian en la forma de acceder al tejido corneal. En LASIK se crea un flap corneal, mientras que en PRK se retira la capa superficial de la córnea. La elección depende de las características del ojo y de la valoración del especialista.

El láser de femtosegundo es una tecnología que utiliza pulsos de luz ultracortos para realizar cortes muy precisos en determinados procedimientos oftalmológicos. En cirugía refractiva puede utilizarse para crear el flap corneal de algunas técnicas, como LASIK, con un alto grado de precisión.

Sí, determinados casos de hipermetropía pueden corregirse mediante cirugía refractiva con láser. La posibilidad de realizarla depende de la graduación, la edad, la anatomía corneal y la salud ocular.

Sí. El astigmatismo puede corregirse mediante diferentes técnicas de cirugía refractiva con láser cuando las características del ojo lo permiten. El tratamiento modifica de forma controlada la curvatura de la córnea para conseguir una mejor compensación de la graduación.

La cirugía refractiva suele plantearse cuando el desarrollo ocular ha finalizado y la graduación se mantiene estable. Además de la edad, el oftalmólogo debe valorar la estabilidad de la graduación, la córnea y el estado general de los ojos antes de determinar si el paciente es candidato.

No existe una edad máxima universal para todas las técnicas de cirugía refractiva. La edad, el estado del cristalino, la córnea, la retina y la graduación son factores que deben analizarse para determinar qué opciones son seguras y adecuadas en cada paciente.

Antes de una cirugía refractiva es importante comprobar que la graduación se ha mantenido estable durante un periodo determinado. La estabilidad requerida puede variar según la edad, el defecto refractivo y la técnica que se plantee, por lo que el especialista valorará la evolución de la graduación antes de intervenir.

En determinados casos puede plantearse una cirugía refractiva incluso con graduaciones bajas, especialmente si la dependencia de gafas o lentillas supone una limitación. Sin embargo, la intervención debe aportar un beneficio suficiente respecto a sus posibles riesgos, por lo que la decisión se individualiza.

El ojo seco debe valorarse y, si es necesario, tratarse antes de una cirugía refractiva. Algunas técnicas pueden aumentar temporalmente los síntomas de sequedad ocular, por lo que es importante evaluar previamente la superficie ocular y optimizarla antes de la intervención.

Sí, el astigmatismo puede coexistir con la miopía y ambos defectos pueden corregirse en determinados pacientes mediante cirugía refractiva. La técnica dependerá de la graduación y de las características de la córnea y del resto del ojo.

Utilizar lentes de contacto no impide necesariamente realizar una cirugía refractiva. Sin embargo, antes del estudio preoperatorio suele ser necesario suspender su uso durante un periodo determinado para que la córnea recupere su forma natural y las mediciones sean más precisas.

El estudio preoperatorio permite analizar la graduación, la forma y el grosor de la córnea, la superficie ocular y el estado general del ojo. Según cada caso pueden realizarse pruebas como topografía o tomografía corneal, paquimetría y exploración de la retina. El objetivo es determinar la técnica más adecuada y descartar factores que puedan aumentar el riesgo de complicaciones.

La topografía corneal es una prueba que analiza la forma y curvatura de la córnea y permite detectar irregularidades que pueden ser relevantes antes de una cirugía refractiva. Es una de las pruebas utilizadas para valorar la seguridad y determinar qué técnica puede ser más adecuada.

La paquimetría corneal es una prueba que mide el grosor de la córnea. Esta información es especialmente importante antes de determinadas cirugías refractivas con láser, ya que permite valorar si existe suficiente tejido corneal para realizar el procedimiento con seguridad.

La cirugía refractiva se realiza con anestesia tópica, por lo que durante la intervención el paciente no debería sentir dolor. Dependiendo de la técnica, después pueden aparecer molestias, escozor, lagrimeo, sensibilidad a la luz o sensación de cuerpo extraño durante un periodo variable.

La cirugía refractiva con láser es una intervención de corta duración. El tiempo exacto depende de la técnica y de las características de cada paciente. Además del tiempo de aplicación del láser, hay que tener en cuenta la preparación previa y las comprobaciones posteriores a la intervención.

Sí. En la cirugía refractiva con láser el paciente permanece despierto durante la intervención y recibe anestesia tópica para evitar el dolor. El equipo oftalmológico proporciona instrucciones durante el procedimiento para facilitar su realización.

En determinadas técnicas de cirugía refractiva con láser es posible tratar ambos ojos durante la misma sesión. La decisión depende de la técnica, las características del paciente y el criterio del equipo oftalmológico.

Durante una cirugía refractiva con láser se prepara el ojo y se aplica el láser de forma controlada para modificar la curvatura de la córnea y corregir la graduación. El procedimiento se realiza bajo anestesia tópica y, tras la intervención, el paciente recibe las indicaciones necesarias para el periodo de recuperación.

La recuperación visual depende de la técnica utilizada. Tras algunas técnicas con láser la mejoría visual puede ser rápida, mientras que otras requieren más tiempo para que la córnea se estabilice. El tiempo de recuperación puede variar también entre pacientes.

El tiempo de baja depende de la técnica utilizada y del tipo de trabajo. Algunas personas pueden reincorporarse a sus actividades laborales en pocos días, mientras que determinadas actividades que implican polvo, esfuerzo físico o riesgo de traumatismo ocular pueden requerir más tiempo y precauciones.

La vuelta a la conducción depende de la recuperación visual y de la técnica utilizada. No se debe conducir hasta que el oftalmólogo confirme que la visión es suficiente para hacerlo con seguridad y que se cumplen las condiciones legales correspondientes.

La vuelta al deporte debe realizarse de forma progresiva y siguiendo las indicaciones del oftalmólogo. El periodo de precaución depende de la técnica y del tipo de actividad, siendo especialmente importante evitar golpes o contacto directo con los ojos durante la recuperación inicial.

La reincorporación laboral depende de la técnica utilizada y del tipo de trabajo. Las actividades de oficina pueden retomarse normalmente antes que aquellas que implican esfuerzo físico, polvo, productos irritantes o riesgo de golpes en los ojos.

El uso del móvil puede retomarse progresivamente siguiendo las indicaciones del oftalmólogo. Durante los primeros días puede existir sensibilidad a la luz, sequedad o fluctuaciones de la visión, por lo que conviene limitar el tiempo de pantalla si produce molestias.

Puede existir cierta visión borrosa o fluctuación visual durante las primeras horas o días después de una cirugía refractiva, dependiendo de la técnica utilizada. La visión suele estabilizarse progresivamente. Si la visión empeora de forma importante o aparece dolor intenso, es necesario contactar con el oftalmólogo.

La sequedad ocular es un efecto secundario relativamente frecuente después de determinadas técnicas de cirugía refractiva. Puede manifestarse como sensación de arenilla, escozor, lagrimeo o fluctuación de la visión y suele mejorar durante el proceso de recuperación. El oftalmólogo puede recomendar lágrimas artificiales u otras medidas según cada caso.

La estabilización de la graduación depende de la técnica utilizada y de la respuesta individual del ojo. Aunque puede existir una buena visión poco después de algunas intervenciones, la graduación puede experimentar pequeñas fluctuaciones durante el periodo de recuperación antes de estabilizarse.

El objetivo de la cirugía de miopía es reducir o eliminar la dependencia de gafas o lentes de contacto y conseguir una visión funcional adecuada sin corrección óptica. El resultado depende de la graduación previa, la técnica utilizada y las características individuales de cada ojo.

En algunos pacientes pueden producirse cambios refractivos después de una cirugía de miopía. El resultado puede mantenerse estable durante años, pero la graduación puede variar con el tiempo por diferentes motivos. Si aparece una nueva graduación, el oftalmólogo valorará su causa y las opciones disponibles.

Aunque el objetivo es reducir la dependencia de gafas, algunas personas pueden necesitarlas en determinadas situaciones después de la intervención. Esto puede ocurrir por una graduación residual, cambios posteriores del ojo, necesidades específicas de visión o por la aparición de presbicia relacionada con la edad.

La cirugía refractiva puede proporcionar una corrección visual estable y duradera, pero no impide que el ojo experimente cambios con el paso del tiempo. En algunas personas puede aparecer una graduación residual o nuevos cambios refractivos, por lo que es importante mantener revisiones oftalmológicas.

Después de una cirugía refractiva pueden aparecer efectos secundarios como sequedad ocular, sensibilidad a la luz, halos, deslumbramientos o fluctuaciones de la visión. La mayoría pueden ser temporales, aunque su evolución depende de la técnica y de las características individuales del paciente.

Las complicaciones graves que pueden comprometer seriamente la visión son poco frecuentes, pero cualquier cirugía ocular tiene riesgos. Un estudio preoperatorio adecuado permite identificar factores de riesgo y determinar si la intervención es apropiada para cada paciente.

En algunos casos puede quedar una graduación residual después de la cirugía. Dependiendo de su magnitud, estabilidad y de las características del ojo, el oftalmólogo puede valorar diferentes opciones, como esperar a que la graduación se estabilice, utilizar gafas o plantear un retoque quirúrgico si está indicado.

El LASIK puede producir efectos secundarios como sequedad ocular, halos, deslumbramientos, fluctuaciones visuales o una corrección insuficiente o excesiva. Las complicaciones graves son poco frecuentes, pero el estudio preoperatorio es fundamental para identificar si la técnica es adecuada para cada paciente.

La cirugía refractiva puede ser una opción para personas que desean reducir su dependencia de gafas o lentes de contacto. Para determinar si merece la pena en cada caso es necesario valorar los beneficios esperados, los posibles riesgos, las características del ojo y las necesidades visuales del paciente.

Las tres opciones pueden proporcionar una buena corrección visual. Las gafas y las lentes de contacto son soluciones no quirúrgicas, mientras que la cirugía refractiva busca reducir la dependencia de estas correcciones. La elección depende de las preferencias, necesidades visuales, graduación y características oculares de cada persona.

La cirugía refractiva es una técnica ampliamente utilizada, pero, como cualquier procedimiento quirúrgico, no está exenta de riesgos. La seguridad depende en gran medida de una correcta selección del paciente, un estudio preoperatorio completo, la elección de la técnica adecuada y el seguimiento posterior.

A partir de los 40 años es necesario tener en cuenta también la aparición de la presbicia. En determinados pacientes puede realizarse cirugía refractiva, pero la estrategia debe valorar las necesidades de visión de lejos, intermedia y cerca y el estado del cristalino.

En algunos pacientes mayores de 50 años puede plantearse una cirugía para corregir la graduación, pero la técnica puede ser diferente a la utilizada en personas más jóvenes. Es especialmente importante valorar el cristalino, la retina y el resto de estructuras oculares antes de decidir el procedimiento.

En personas mayores de 60 años, la estrategia para corregir la graduación debe estudiarse de forma individualizada. A esta edad es especialmente importante valorar la presencia de cataratas, el estado del cristalino y otras enfermedades oculares antes de considerar una cirugía refractiva.

Si existe una catarata, la cirugía refractiva con láser sobre la córnea puede no ser la opción más adecuada. En determinados casos puede plantearse una cirugía del cristalino con implantación de una lente intraocular que permita tratar la catarata y corregir la graduación.

Tener glaucoma no implica necesariamente que no pueda realizarse una cirugía para corregir la graduación, pero requiere una valoración oftalmológica específica. El especialista debe estudiar el estado del nervio óptico, la presión intraocular y el resto de estructuras antes de determinar qué opciones son seguras.

La cirugía refractiva corrige la graduación que existe en el momento de la intervención, pero no detiene el proceso natural de envejecimiento del cristalino. Por eso, una persona operada de miopía puede desarrollar presbicia con el paso de los años y necesitar una solución específica para la visión cercana.

En algunos pacientes puede plantearse un nuevo procedimiento si queda graduación residual o aparece una nueva graduación. Antes de realizar un retoque es necesario comprobar que la graduación está estable y que la córnea y el resto del ojo reúnen las condiciones necesarias para una nueva intervención.

Cuando una graduación elevada o las características de la córnea no permiten realizar una cirugía láser, pueden existir otras alternativas. En pacientes seleccionados pueden valorarse lentes intraoculares fáquicas u otras soluciones, siempre después de un estudio oftalmológico completo.

Después de una cirugía refractiva es importante consultar de forma urgente si aparece una pérdida brusca de visión, dolor intenso, un aumento importante del enrojecimiento, secreción abundante, una alteración visual repentina o cualquier síntoma que empeore rápidamente. Estos signos requieren una valoración oftalmológica para descartar una complicación.

Las molestias después de una cirugía refractiva dependen de la técnica utilizada. Algunas intervenciones pueden producir escozor, lagrimeo o sensación de cuerpo extraño durante los primeros días. Un dolor intenso o que empeora debe ser valorado por un oftalmólogo para descartar una complicación.

La visión puede ser borrosa o fluctuar durante el periodo inicial de recuperación, dependiendo de la técnica. Sin embargo, una pérdida importante o repentina de visión, especialmente si se acompaña de dolor, enrojecimiento intenso o secreción, requiere atención oftalmológica inmediata.

La aparición repentina de numerosas moscas volantes, especialmente si se acompaña de destellos de luz o una sombra en el campo visual, requiere una valoración oftalmológica urgente para descartar una alteración del vítreo o de la retina. Estos síntomas no deben atribuirse automáticamente al postoperatorio de la cirugía refractiva.