RGPD - Cookies
Skip to content
Grupo Miranza
Pide cita

Pide cita

Pide teleconsulta

Si tienes dudas, consúltanos

Envíanos un mensaje

Enfermedades de la vista

Glaucoma congénito

glaucoma congénito
Afecta a 1 de cada 10.000 recién nacidos.
Síntomas de alerta: exceso de lagrimeo o el rechazo del niño a la luz.
El tratamiento precoz es vital para evitar daños visuales irreversibles.

¿Qué es el glaucoma congénito?

El glaucoma es una enfermedad ocular generalmente derivada del aumento de la presión intraocular a causa de alteraciones en el sistema de drenaje del humor acuoso, un líquido incoloro que nutre la córnea y el cristalino. Este líquido se produce de forma constante y, cuando no se evacúa correctamente fuera del ojo, se acumula dentro del globo ocular, pudiendo provocar daños irreversibles en el nervio óptico si no se interviene a tiempo. 

Aunque suele ser una enfermedad especialmente común a partir de los 60 años, hablamos de glaucoma congénito cuando el paciente es un lactante o de glaucoma infantil cuando tiene menos de 3 años. Esta condición afecta a 1 de cada 10.000 recién nacidos en países desarrollados y puede darse en uno o ambos ojos, aunque lo más frecuente es que sea bilateral.

El glaucoma es una enfermedad ocular bastante difícil de diagnosticar tempranamente en adultos, ya que avanza de manera silenciosa y se manifiesta cuando ya hay secuelas visuales y se ha producido una pérdida de visión periférica importante. En el caso del glaucoma congénito ocurre algo similar, aunque hay algunos síntomas que nos pueden alertar de este problema, como un exceso de lagrimeo o el rechazo del niño a la luz. También son habituales anomalías en el parpadeo del niño, así como unos ojos muy grandes (buftalmos) o de diferente tamaño (megalocórnea y miopía).

No obstante, la sintomatología suele ser difusa y puede pasar desapercibida. Por este motivo, es importante revisar correctamente la vista del recién nacido y llevarle al especialista en caso de notar cualquier sospecha o anomalía, ya que la detección precoz es fundamental para evitar daños en el nervio óptico que resultan en una pérdida irreversible de visión.

El glaucoma congénito se debe a una lesión de nacimiento en el ángulo en el que confluyen la córnea y el iris, que es el canal de drenaje a través del cual sale el humor acuoso fuera del ojo.

Aunque hay un componente genético, la mayoría de los casos aparecen de forma esporádica. También puede estar relacionado con otras enfermedades oculares, como la catarata congénita, la aniridia (falta de desarrollo del iris) y la anomalía de Peters (malformación de la córnea y la cámara anterior del ojo), o bien asociarse a síndromes con malformaciones de otros órganos. En algunos casos, el glaucoma congénito puede ser secundario a traumatismos o infecciones durante el embarazo.

El tratamiento del glaucoma congénito debe iniciarse cuanto antes para reducir al máximo la pérdida de visión y lograr que el pequeño quede con una buena calidad visual.

Igual que ocurre con los adultos, el glaucoma congénito empieza muchas veces tratándose con fármacos en forma de gotas o colirios  para intentar mantener controlada la presión intraocular. En el caso de los pacientes más pequeños, solemos recurrir a esta opción hasta que llega el momento más adecuado para llevar a cabo la intervención quirúrgica. Esta puede realizarse mediante varias técnicas que los expertos de Miranza indicarán de forma personalizada para conseguir los mejores resultados en cada caso.