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Tratamientos

Inyecciones intraoculares

inyección intraocular
Permiten evitar la necesidad de ciertas cirugías.
Avance en el desarrollo de fármacos cada vez más duraderos.

¿Qué son las inyecciones intraoculares?

Las inyecciones intraoculares, también llamadas inyecciones intravítreas, consisten en medicamentos que se administran directamente en el interior del ojo, concretamente, en el vítreo (gel transparente que rellena el globo ocular y que está en contacto directo con la retina).

La acción de estos fármacos, introducidos mediante una aguja muy fina, permite actuar sobre varios tipos de enfermedades retinianas, en especial el edema macular (producido por diabetes u otras enfermedades vasculares) y la degeneración macular asociada a la edad (DMAE) de tipo húmedo. Al actuar de forma específica sobre el ojo, logramos un mayor efecto local y evitamos efectos secundarios a nivel sistémico.

Para lograr una mejora sostenida, es necesario repetir las inyecciones intraoculares de forma periódica, según la frecuencia indicada por el especialista. Actualmente, hay varios estudios en marcha en los que participamos en las clínicas Miranza para desarrollar medicamentos cada vez más duraderos y establecer nuevas combinaciones y estrategias terapéuticas.

Enfermedades oculares que tratan las inyecciones intraoculares

Las inyecciones intraoculares o intravítreas frenan en un gran porcentaje la evolución de enfermedades que afectan a la retina y su zona central y de mayor previsión visual: la mácula. Además, en alrededor de la mitad de los pacientes, también permiten recuperar parte de la visión.

A pesar de la incomodidad que puede suponer acudir al oftalmólogo a menudo para realizar este tratamiento, lo cierto es que es un procedimiento rápido (menos de 10 minutos)  y poco molesto. Lo realizamos bajo anestesia tópica con gotas y de forma ambulatoria en quirófano o, incluso, en consultas preparadas con todas las medidas de asepsia.

No es necesario que realices  ninguna preparación preoperatoria ni tampoco hace falta que sigas grandes cuidados postoperatorios, por lo que puedes hacer vida normal, salvo movimientos bruscos o grandes esfuerzos los primeros días. También es importante que no te frotes los ojos (sobre todo si no tienes las manos limpias), un gesto que, de todos modos, siempre te recomendamos evitar. Aunque tras la inyección intraocular puedas notar cierto picor u otras molestias oculares como enrojecimiento, lagrimeo o sensación de cuerpo extraño en el ojo, es pasajero y no debe preocuparte.

Una de las ventajas de las inyecciones oculares es que son un tratamiento menos invasivo que una cirugía y, además de facilitar tu recuperación, reducen el riesgo de posibles complicaciones. La más severa que puede ocurrir es una infección, algo muy infrecuente que se da en menos del 0,1% de todos los procedimientos realizados. Eso sí, para evitar cualquier riesgo, es fundamental que la inyección la llevemos a cabo con la técnica adecuada, desinfectándote previamente los párpados y el ojo, en un entorno seguro con todas las medidas de higiene y prevención.