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Tratamientos

Cirugía de la catarata congénita

operación catarata congénita
Necesaria cuando hay una afectación importante de la visión.
En muchos casos, es conveniente realizarla antes de los 3 meses.
Técnicas de microincisión para lograr el mínimo impacto.

¿En qué consiste la cirugía de la catarata congénita?

La cirugía de la catarata congénita es una operación que llevamos a cabo en niños que nacen con el cristalino opaco en vez de transparente, lo que impide que esta lente de enfoque del ojo pueda cumplir su función de forma correcta. En un problema que no puede solucionarse si no es quirúrgicamente, mediante un procedimiento que consiste en “aspirar” o extraer el cristalino, a través de unas incisiones muy pequeñas. En ocasiones, también se requiere extraer parte del gel vítreo que rellena el globo ocular (vitrectomía anterior).  

Para compensar la falta del cristalino, es necesaria una lente intraocular que lo reemplace artificialmente. Sin embargo, dado que esta cirugía solemos realizarla a edades muy tempranas, cuando el ojo del pequeño aún está formándose, no siempre colocamos la lente en el mismo momento de la operación y podemos optar por implantarla en un segundo acto quirúrgico cuando el niño sea más mayor. Mientras tanto, el uso de gafas o de lentes de contacto especiales –que los optometristas de Miranza adaptan de forma personalizada y enseñan a utilizar a la familia–,  permite aportar las dioptrías necesarias para una visión nítida.

Enfermedades oculares que trata

La catarata o pérdida de transparencia del cristalino puede estar presente en algunos niños desde el nacimiento, ya sea en uno o ambos ojos. Cuando la opacidad es grande y dificulta la visión debemos operarla cuanto antes para evitar que comprometa un correcto desarrollo visual durante los primeros meses de vida. Por tanto, aunque dependerá del criterio y la valoración del oftalmólogo en cada caso, se trata de una intervención que en ocasiones conviene realizar incluso antes de que el bebé cumpla las 12 semanas. Intervenir precozmente se ha demostrado que mejora las perspectivas de recuperación visual.

Mientras que la cirugía de la catarata en adultos la llevamos a cabo con anestesia tópica (gotas), cuando la realizamos en niños utilizamos anestesia general para la mayor tranquilidad y comodidad durante toda la intervención. Tras asegurarnos que el pequeño se encuentra bien al despertar, podrá volver a casa el mismo día y sin necesidad de quedar ingresado. 

Cuando las cataratas son bilaterales, es decir, en ambos ojos, solemos operar primero uno y luego el otro para asegurarnos de una buena evolución postoperatoria. Indicaremos a la familia el tratamiento y todos los cuidados a seguir, así como la pauta de visitas de control. 

Nuestros especialistas en oftalmología pediátrica también valorarán la mejor opción de rehabilitación visual en cada caso, estando atentos a la adquisición progresiva de visión en el pequeño y a los cambios que pueda requerir en la corrección óptica mientras no implantemos la lente intraocular definitiva. El objetivo prioritario es asegurar una estimulación adecuada de su capacidad visual, para que no se produzca un déficit que ya no se pueda revertir en la edad adulta.

La cirugía de la catarata congénita es una intervención compleja que debe ser realizada por oftalmólogos expertos para minimizar posibles complicaciones. Sin embargo, no operar o retrasar la intervención más de lo necesario también tiene sus implicaciones, ya que la visión del niño no puede desarrollarse bien y, como consecuencia, pueden surgir problemas derivados como un “ojo vagoo un estrabismo.    

Por tanto, debemos sopesar tanto los riesgos como los beneficios de la cirugía, que en nuestros centros llevamos a cabo de la forma menos traumática posible para el pequeño, mediante técnicas de microincisión y con un equipo quirúrgico especializado en cirugía ocular infantil.