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Tratamientos

Operación del ojo lloroso

ojo lloroso
Puede realizarse tanto en adultos como en niños.
Permite tratar la obstrucción de la vía lagrimal.
Evita molestias diarias y un mayor riesgo de infecciones.

¿En qué consiste la operación del ojo lloroso?

El ojo lloroso puede deberse tanto a un exceso de producción de lágrimas como a un bloqueo de la vía a través de la cual se drenan. En este segundo caso, la solución requerida es quirúrgica, mediante distintas técnicas que nos permiten abrir un nuevo paso de las lágrimas, facilitando su evacuación hacia la nariz y evitando así que se acumulen en la superficie del ojo. Con ello, no solo evitamos las molestias asociadas al  lagrimeo continuo, sino también el mayor riesgo de infecciones perioculares que conlleva.

Realizar un buen estudio diagnóstico para determinar la localización exacta de la obstrucción es fundamental para elegir la técnica adecuada en cada caso. Cualquiera de las estructuras que constituye la vía lagrimal puede verse afectada:

  • Puntos lagrimales: pequeños orificios situados en la esquina interna de los párpados superiores e inferiores, que recogen la lágrima de la superficie del ojo y la derivan hacia los canalículos.
  • Canalículos: finos conductos que transportan la lágrima hasta el saco lagrimal.
  • Saco lagrimal: bombea la lágrima hacia el conducto nasolagrimal.
  • Conducto nasolagrimal: drena la lágrima hacia la cavidad nasal para su eliminación, generalmente a través de la nariz.

Enfermedades oculares que trata

La obstrucción de la vía lagrimal puede ser tanto congénita, en el caso de los niños, como adquirida por distintas causas que conviene diagnosticar adecuadamente en el caso de los adultos.

Los sondajes lagrimales son el procedimiento más utilizado frente a la obstrucción de la vía lagrimal congénita, mientras que la dacriocistorrinostomía es la técnica más comúnmente practicada para la operación del ojo lloroso en adultos. Esta cirugía actúa sobre las vías inferiores (conducto nasolagrimal), que es donde se produce la obstrucción del paso de la lágrima en la mayoría de ocasiones.

No obstante, los cirujanos oculoplásticos de las clínicas Miranza también son expertos en otras técnicas menos habituales para tratar el ojo lloroso cuando el bloqueo se produce en las vías altas o canalículos y la dacriocistorrinostomía no solventa el exceso de lagrimeo. En este caso, la operación reviste una mayor complejidad y solemos realizarla mediante tubos de Jones, unos finos tubos de vidrio que se colocan de forma permanente (en vez de emplear una sonda de silicona temporal) y sustituyen artificialmente la vía lagrimal. Por otro lado, cuando solo el punto lagrimal está obstruido, podemos practicar una puntoplastia, un sencillo procedimiento que consiste en dilatar el punto mediante pequeñas incisiones o un tapón dilatador.

La recuperación y el pronóstico final variarán en función de la técnica utilizada. En el caso de los adultos, las molestias desaparecen paulatinamente durante las dos primeras semanas, periodo durante el cual es necesario cumplir con el tratamiento postoperatorio y tener en cuenta algunas precauciones básicas que el cirujano te explicará en detalle, como evitar esfuerzos bruscos. Los beneficios definitivos de la operación del ojo lloroso los apreciarás al cabo de un mes y medio, aproximadamente.

En cuanto a la cirugía de la obstrucción congénita de la vía lagrimal, al ser una cirugía muy poco agresiva, facilita la rápida recuperación del niño y los primeros resultados se aprecian de forma prácticamente inmediata.

En las clínicas Miranza realizamos un estrecho seguimiento postoperatorio para controlar la correcta evolución y proceso de cicactrización tras la cirugía, así como para manejar de forma precoz  y experta cualquier posible complicación que pueda aparecer, si bien son muy poco frecuentes.

La operación del ojo lloroso, bien indicada y ejecutada, logra altas tasas de éxito. Sin embargo, en casos complejos como la implantación de tubos de Jones es mayor la probabilidad de tener que practicar una nueva intervención para acercarnos a unos resultados óptimos. Respecto a la cirugía en niños, los sondajes lagrimales ofrecen una gran seguridad, aunque ocasionalmente también puede requerirse un nuevo procedimiento.