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La salud ocular debe de ser una prioridad desde los primeros meses de vida de las personas con síndrome de Down. Así se puso de manifiesto en el webinar “Cuidando la mirada. Salud ocular en las personas con síndrome de Down” organizado por Down España e impartido por la Dra. María Santiago, especialista de oftalmología pediátrica de Miranza Instituto Gómez-Ulla.

Uno de los mensajes centrales de la jornada fue la necesidad de mantener controles oftalmológicos periódicos desde la infancia atendiendo al hecho de que entre un 60% y un 70% de las personas con síndrome de Down presentará a lo largo de su vida algún problema de visión susceptible de tratamiento o intervención. Las recomendaciones actuales establecen una primera revisión durante los tres primeros meses de vida para descartar la presencia de una catarata congénita, que en la mayoría de las ocasiones requiere una actuación inmediata. Si no se detecta ninguna patología ocular, la siguiente revisión se realizaría a los dos años y medio, con seguimientos oftalmológicos anuales a partir de ese momento durante toda la vida.

Desde Miranza Instituto Gómez-Ulla se recuerda que en las revisiones pediátricas se debe poner especial atención a la agudeza visual, la presencia de catarata, la motilidad ocular extrínseca y los defectos refractivos. En los adultos, además de la exploración de la agudeza visual, debe realizarse una biomicroscopía completa, en busca de patología palpebral, corneal o cristaliniana.

Los exámenes visuales a pacientes con síndrome de Down se deben realizar de forma periódica para comprobar la correcta salud ocular. Estas revisiones permitirán corregir de manera temprana cualquier déficit a nivel ocular, garantizando que cualquier persona con síndrome de Down tenga una salud visual óptima.

Durante la sesión, que estuvo dirigida a familias y profesionales, la especialista explicó que las personas con síndrome de Down presentan una mayor incidencia de alteraciones visuales que pueden afectar a su desarrollo, aprendizaje y calidad de vida.

Entre las patologías más habituales se encuentran los defectos de refracción, como la miopía, la hipermetropía y el astigmatismo. Alrededor del 37% de las personas con síndrome de Down presentan hipermetropía, un 18% miopía y casi la mitad astigmatismo, tal y como se recoge en la Guía Oftalmológica del Síndrome de Down elaborada por Down España. En la mayoría de los casos, estos problemas pueden corregirse mediante el uso de gafas, contribuyendo de forma significativa a mejorar su autonomía.

La doctora Santiago también abordó el estrabismo y el nistagmo, alteraciones que aparecen con una frecuencia superior a la de la población general. Cerca de la mitad de los niños con síndrome de Down presentan algún tipo de estrabismo, siendo la desviación de los ojos hacia dentro la forma más frecuente. Asimismo, hasta un 15% presentan nistagmo, una alteración que puede provocar una disminución significativa de la agudeza visual.

Uno de los aspectos que despertó mayor interés entre las familias fue la relación que existe entre determinados problemas visuales y las alteraciones posturales. Tal y como se recoge en la Guía Oftalmológica del Síndrome de Down hasta el 80% de los casos de tortícolis en personas con síndrome de Down pueden deberse a una causa oftalmológica identificable, cuyo tratamiento puede mejorar notablemente la situación.

La especialista dedicó también parte de su intervención a las cataratas, destacando la importancia de identificarlas de forma precoz para evitar consecuencias irreversibles en el desarrollo visual. Estas pueden presentarse de forma diferente según la edad y, aunque no siempre requieren cirugía, su detección temprana resulta fundamental ya que pueden comprometer la agudeza visual.

Durante el webinar se analizaron además otras patologías menos prevalentes como la blefaritis, las fístulas y obstrucciones lagrimales, la patología retiniana y el queratocono. Este último presenta una prevalencia elevada en las personas con síndrome de Down y puede manifestarse mediante un aumento progresivo del astigmatismo o una disminución de la visión. La detección precoz permite aplicar tratamientos menos invasivos y preservar mejor la función visual.

La sesión concluyó con un espacio de preguntas en el que las familias pudieron resolver dudas sobre síntomas, tratamientos y pautas de seguimiento, poniendo de manifiesto el interés existente en torno a la salud ocular de las personas con síndrome de Down y la importancia de contar con información especializada y accesible.