
La dificultad al leer a partir los 40, primer síntoma de presbicia
La presbicia, conocida comúnmente como vista cansada, es uno de los problemas visuales más frecuentes a nivel global. Habitualmente, se manifiesta a partir de los 40-45 años y aparece como consecuencia del envejecimiento del cristalino, que es la lente natural del ojo, que va perdiendo su elasticidad y capacidad de acomodación o de enfoque a distintas distancias.
Según la Organización Mundial de la Salud, los errores de refracción, entre los que se incluye la presbicia, representan una de las principales causas de deficiencia visual en el mundo, afectando a millones de personas y condicionando su calidad de vida. De hecho, la OMS asegura que son más de 800 millones de personas en el mundo las que padecen esta patología, siendo la afección que causa deterioro de la visión cercana con mayor frecuencia.
En España, la presbicia se encuentra también entre los trastornos visuales más comunes, junto a la miopía, con una incidencia significativa en la población adulta. Según el último Barómetro de Bienestar Ocular de Miranza, padecen de presbicia el 31,2% de los españoles.
Uno de los primeros signos que puede alertar a los pacientes sobre esta patología es una mala visión de cerca. Por eso, tener dificultades para realizar tareas que requieren visión cercana, como leer un libro, usar el teléfono móvil o revisar la cuenta de un restaurante, pueden ser uno de los primeros síntomas que se deben tener en cuenta. En ocasiones, la incomodidad a la hora de leer se confunde con un desinterés paulatino por este hábito, hasta que la vista cansada ya es evidente y el uso de gafas se hace imprescindible.
La cirugía refractiva como solución más allá de las gafas
Las gafas son las solución más común para hacer frente a la vista cansada, si bien en los últimos años la cirugía va ganando protagonismo como alternativa para reducir esta dependencia.
Cada vez son más las personas que se plantean una solución quirúrgica para mantener un estilo de vida activo con la menor necesidad de corrección óptica posible. En este sentido, la cirugía del cristalino, también conocida como lensectomía refractiva, es, de momento, la principal opción que se ofrece a partir de los 50 años, a personas que padecen presbicia.
La lensectomía refractiva es una intervención ambulatoria con duración aproximada de 15 minutos, que no conlleva puntos y utiliza anestesia tópica en gotas. Para la realización de esta cirugía se accede al cristalino, a través de una microincisión, de apenas dos mm, que no requerirá suturas para sellarse. Posteriormente, se disuelve y aspira el cristalino, dejando solo una fina membrana que lo envuelve, para para apoyar la lente intraocular que es implantada en sustitución del cristalino.
Además, esta la cirugía de presbicia puede personalizarse totalmente, a través de la implantación de lentes que también permiten corregir, en la misma intervención, defectos refractivos previos como la miopía, la hipermetropía o el astigmatismo.
Según los especialistas de Miranza, “la cirugía de cristalino, que destaca por la implantación de lentes multifocales, proporciona independencia de gafas para cualquier distancia en la mayor parte de los casos. Sin embargo, no todos los pacientes son buenos candidatos a este tipo de lentes, y algunas personas pueden beneficiarse más de otras opciones. Por eso es especialmente importante acudir a un profesional que asesore sobre la técnica y solución más adecuadas”.
En este sentido, recomiendan acudir a revisiones oftalmológicas periódicas a partir de los 40 años para detectar de forma precoz la aparición de la presbicia y valorar las distintas alternativas de corrección disponibles.