
El verano y los chapuzones en mar y piscina pueden suponer un riesgo ocular para los usuarios de lentillas
Un mal uso de las lentillas puede provocar desde leves molestias hasta infecciones y lesiones permanentes, como cicatrices corneales.
Con el verano, apetece más que nunca darse un baño al aire libre. Sin embargo, el uso de lentes de contacto en este contexto puede suponer un riesgo para la salud ocular si no se toman las precauciones adecuadas. El contacto con el agua del mar o de la piscina, sumado al calor y la sequedad ambiental, favorece la aparición de molestias e incluso de infecciones.
“La hipersalinidad del agua del mar y los productos químicos de las piscinas, como el cloro o los alguicidas, pueden irritar el ojo y afectar a la tolerancia de las lentillas”, según explica el Dr. Alberto Muiños, director médico en Miranza Clínica Muiños. “Si a eso le sumamos que la lente es un cuerpo extraño que necesita de la humedad natural del ojo, el resultado es que en verano aumentan las molestias”, añade el especialista.
Uno de los errores más frecuentes es el contacto de las lentes de contacto con el agua. “Es el enemigo número uno. Nunca se deben limpiar las lentillas con agua, solo con soluciones específicas o suero fisiológico”, insiste el especialista.
Además, bañarse con lentillas incrementa el riesgo de complicaciones oculares, ya que pueden adherirse partículas, microorganismos o sustancias irritantes a la superficie de la lente. Por ello, los expertos recomiendan optar por lentillas desechables de uso diario, especialmente en días de playa o piscina, para minimizar riesgos asociados al uso prolongado y a los productos de limpieza.
Calor y aire acondicionado: más sequedad, más molestias
Durante los meses de verano, las altas temperaturas y el uso intensivo de aire acondicionado contribuyen a la sequedad ocular. Esto afecta directamente a las personas que llevan lentillas, que pueden notar mayor incomodidad, irritación o sensación de cuerpo extraño.
“El calor y los ambientes secos reducen la humedad del ojo, lo que hace que las lentillas se toleren peor”, señala el Dr. Muiños. En estos casos, se recomienda el uso de lágrimas artificiales o colirios humectantes para mantener la superficie ocular hidratada.
Higiene y señales de alerta: cuándo acudir al especialista
Una correcta higiene es clave para evitar complicaciones. Lavarse las manos antes de manipular las lentes y seguir las pautas de uso recomendadas es importante.
El mal mantenimiento puede derivar en problemas más graves. “Si aparece ojo rojo, dolor, secreción blanquecina o amarillenta o una molestia diferente a la habitual, es importante acudir a un profesional, porque podría tratarse de una infección o una úlcera corneal”, advierte el Dr. Muiños. Estas afecciones pueden dejar secuelas permanentes, como cicatrices en la córnea (leucomas), que pueden afectar de forma significativa a la visión.
Conjuntivitis alérgica, también en aumento en verano
Durante esta época también son frecuentes los casos de conjuntivitis alérgica, una inflamación de la conjuntiva que puede estar provocada por pólenes, ácaros, contaminación o el uso de aire acondicionado.
Los síntomas más habituales son picor, lagrimeo e hinchazón de los párpados. En casos leves, puede aliviarse con compresas frías y lágrimas artificiales, aunque en situaciones más intensas puede requerir tratamiento específico.
Artículo supervisado por el Dr. Alberto Muiños, director médico en Miranza Clínica Muiños