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La conjuntivitis vírica es una de las causas más comunes de enrojecimiento ocular. Se trata de una infección ocular altamente contagiosa, que puede afectar a personas de todas las edades y extenderse con rapidez, especialmente en entornos cerrados o familiares. Aunque suele ser leve, sus síntomas pueden resultar molestos, por lo que conocer cómo se origina, cómo se transmite y cómo prevenirla es clave para cuidar tu salud ocular y evitar su propagación.

La conjuntivitis vírica es una inflamación de la conjuntiva, la fina membrana que recubre la parte blanca del ojo y el interior de los párpados. Esta inflamación está causada por un virus, generalmente de la familia de los adenovirus, aunque también pueden intervenir otros tipos virales. Los síntomas de conjuntivitis vírica incluyen enrojecimiento de ojos, lagrimeo excesivo, picor ocular y, en algunos casos, sensación de cuerpo extraño o molestias a la luz.

Su origen está en la exposición a virus que se transmiten fácilmente por contacto directo o indirecto. Puede aparecer tras un resfriado común o una infección respiratoria, ya que los mismos virus responsables de estos cuadros pueden llegar a los ojos a través de las manos o secreciones contaminadas. Por eso, mantener una buena higiene ocular y evitar tocarse los ojos sin lavarse las manos son medidas fundamentales para prevenir su aparición.

Sí. La conjuntivitis contagiosa de origen vírico puede transmitirse con facilidad entre personas. El contagio de conjuntivitis vírica ocurre al entrar en contacto con lágrimas, secreciones o superficies contaminadas, como toallas o cosméticos. Es frecuente que se propague en escuelas, oficinas o en casa, sobre todo si no se siguen las medidas básicas de prevención.

Para reducir el riesgo de transmisión, se recomienda no compartir objetos personales (toallas, fundas de almohada, maquillaje) y lavarse las manos con frecuencia. También conviene evitar el contacto directo con los ojos, especialmente si otra persona está infectada. Mantener una correcta higiene ocular y desinfectar gafas o lentes de contacto puede marcar la diferencia para proteger tu vista y la de quienes te rodean.

La duración de una conjuntivitis vírica depende del tipo de virus y del estado del sistema inmunitario del paciente. En la mayoría de los casos, los síntomas mejoran entre una y dos semanas, aunque el enrojecimiento y el lagrimeo excesivo pueden persistir algunos días más. Si los síntomas se prolongan o empeoran, es recomendable acudir a un especialista para descartar complicaciones o infecciones añadidas.

Distinguir entre una conjuntivitis vírica y una bacteriana puede ser complicado, ya que ambas comparten síntomas como el enrojecimiento de ojos o la sensación de arenilla. Sin embargo, la vírica se caracteriza por un lagrimeo claro y acuoso, mientras que la bacteriana suele producir una secreción más espesa y amarillenta. Un oftalmólogo puede confirmar el diagnóstico y orientar el tratamiento adecuado.

No existe un tratamiento específico para eliminar el virus, ya que la conjuntivitis vírica suele resolverse por sí sola. No obstante, se pueden aliviar los síntomas con lágrimas artificiales, compresas frías y una correcta higiene de los párpados. En algunos casos, el oftalmólogo puede indicar medicamentos antiinflamatorios o antivirales tópicos si la infección es intensa. Seguir sus indicaciones y evitar automedicarse es esencial para una recuperación completa y segura.

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